sábado, 18 de febrero de 2017

La escuela pictórica de Sevilla de comienzos del siglo XVII, de la mano de Francisco Pacheco, suegro de Diego Velázquez, se caracterizó por la sencillez iconográfica del Cristo crucificado del que hallamos diferentes representaciones. Entre las peculariedades iconográficas hallamos la fijación del cuerpo a la cruz por cuatro clavos.



Entre éstas encontramos el Cristo crucificado (1632) de Diego Velázquez. Con la superposición de la figura a un fondo negro uniforme, consigue el artista dramatizar al máximo el castigo divino. La luz modela la inercia del cadáver poniendo de manifiesto su musculatura contracturada. Los maderos, salpicados por la sangre, subrayan la condición humana del cuerpo.

En El Cristo de Velázquez (1920) Miguel de Unamuno describe y analiza esta obra de arte desde cuatro puntos de vista, como símbolo del sacrificio y de la redención, reflexión sobre los nombres bíblicos, significado poético y simbólico de la imagen de Cristo.


En el San Lucas ante la Cruz hallamos un Cristo con las piernas entrecruzadas enmarcado en un paisaje que se limita a una línea de horizonte sombrío con un celaje oscuro y monótono. De esta manera se enfatizan las expresiones, sobre todo la del santo.

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